miércoles, 28 de noviembre de 2012

Los domingos se va al campo

Paisaje con venados y figura

Si escuchas, puedes oírlos rumiar
antes de verlos parados o echados,
piernas esbeltas y ramificada cornamenta,
comiendo juntos como los niños o las almas
de los niños, ningún animal él mismo,
como yo soy yo mismo, mirándolos mirarme,
sintiendo que la fiebre subre a mi frente,
donde lo que soy nace y se esfuma
por una manada de ciervos reunidos en la pradera
-tinta sepia asperjada sobre papel arroz-
abstracta, exaltada, revelación de eterna armonía,
durante cinco o seis instantes de obligación familiar
manifestada con tan estremecedora nitidez y belleza
aclara lo borroso del sentimiento humano.


Imposible y necesario

Es una nación nacida en la parte serena de la mente,
sin fantasías de omnipotencia,
sin más Dios que la naturaleza, sin alianzas ni pactos,
sin ángulos oscuros para los pobres, sin descargas de odio,
sin jerarquías de poder, conocimiento o amor,
ningún espasmo de agua impura en la roca, ninn enjambre contaminado de moscas,
ningún cerro de cemento ceniciento, yeso y vidrio,
ninguna falsa piedad ni verdades ocultas en el ezcremento;
y en esta nación de hombres y mujeres,
ningún rostro en el espejo que refleje más oscuridad
que luz, más conflicto que amor, no más conflicto
que el que soportan mis manos mientras me siento en la roca,
desmigajando pan y vino y carpa
desplazada de su elemento al mío.

*Henri Cole (Trad. Jeannette L.Clariond)       

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